El palacio
-¡Corre amigo, corre!- El palacio podía observarse a lo lejos, en el horizonte, mejestuoso y sin nadie que tan siquiera haya logrado atisbar su solemnidad, elegancia y grandeza de cerca.
La agitación era latente y la muchedumbre bulliciosa no paraba de hacer resonar el eco de mis latidos al correr. -¡Corre amigo,corre...!- Es lo único que lograba escuchar con claridad.
Corría más y más deprisa sin darme cuenta del camino que estaba atravesando, de todo lo que estaba dejando de ver, sentir y tocar en ese trayecto hacía la meta deseada por todo esa muchedumbre y aquel jolgorio el cual me incluyo. Única y exclusivamente pendiente y obsesionado por llegar al bonito palacio.
De manera estrepitosa, tras todo ese fragor ensordecedor y al tan solo volver a poder escuchar con claridad ese -¡Corre amigo, corre!- De repente decidí pararme. Deje la mente en blanco por unos minutos y tan solo me deje llevar y observar por el paraje y el camino del bosque donde me hallaba.
Fue ahí, en ese preciso instante, donde me percaté que estaba justo en la mitad del recorrido entre donde inicie mi carrera entre el tumulto y el griterío de la multitud y el palacio. Cansado de correr tanto y sin saber muy bien porque me di cuenta de una cosa aún mas importante que la distancia y era que esa tan esclarecedora frase... -¡Corre amigo, corre!- Venía de mi cabeza. Era yo quien se lo decia a sí mismo.
Ahora entiendo, porque nadie ha conseguido aún llegar al mayestático palacio pese a que se puede observar desde cualquier punto, en el horizonte, en el infinito... Lo importante es valorar y aprender del camino y el poder disfrutar de los pequeños detalles y aquí sigo recorriendo el camino, ya sin correr pero bien dirigido. ¡Tranquilos, cuando llegue al palacio os aviso✌🏽!
La agitación era latente y la muchedumbre bulliciosa no paraba de hacer resonar el eco de mis latidos al correr. -¡Corre amigo,corre...!- Es lo único que lograba escuchar con claridad.
Corría más y más deprisa sin darme cuenta del camino que estaba atravesando, de todo lo que estaba dejando de ver, sentir y tocar en ese trayecto hacía la meta deseada por todo esa muchedumbre y aquel jolgorio el cual me incluyo. Única y exclusivamente pendiente y obsesionado por llegar al bonito palacio.
De manera estrepitosa, tras todo ese fragor ensordecedor y al tan solo volver a poder escuchar con claridad ese -¡Corre amigo, corre!- De repente decidí pararme. Deje la mente en blanco por unos minutos y tan solo me deje llevar y observar por el paraje y el camino del bosque donde me hallaba.
Fue ahí, en ese preciso instante, donde me percaté que estaba justo en la mitad del recorrido entre donde inicie mi carrera entre el tumulto y el griterío de la multitud y el palacio. Cansado de correr tanto y sin saber muy bien porque me di cuenta de una cosa aún mas importante que la distancia y era que esa tan esclarecedora frase... -¡Corre amigo, corre!- Venía de mi cabeza. Era yo quien se lo decia a sí mismo.
Ahora entiendo, porque nadie ha conseguido aún llegar al mayestático palacio pese a que se puede observar desde cualquier punto, en el horizonte, en el infinito... Lo importante es valorar y aprender del camino y el poder disfrutar de los pequeños detalles y aquí sigo recorriendo el camino, ya sin correr pero bien dirigido. ¡Tranquilos, cuando llegue al palacio os aviso✌🏽!
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